En food service, la innovación que mejor funciona no siempre viene de ingredientes nuevos o de ideas demasiado rompedoras. 

Cada vez más, el valor está en dar una nueva vida a sabores que el consumidor ya conoce, haciéndolos más atractivos a través del aroma, la textura, el formato o la presentación. Esa es una de las principales conclusiones del Informe sobre Tendencias en alimentos, sabores y bebidas para 2026 de Datassential: los “nuevos clásicos” son sabores, recetas e ingredientes que ya no son una novedad, pero que se han convertido en opciones seguras y con recorrido en restauración.

En este contexto, ingredientes como los frutos secos, las frutas desecadas y las semillas encajan de forma natural: son reconocibles para el consumidor, pero ofrecen un enorme margen de reinterpretación en cocina profesional, tanto en sabor como en textura.

 

El aroma como detonante de deseo

En restauración, el sabor empieza antes del primer bocado. El aroma y del olfato, son los primeros en activar el deseo de probar un plato. Antes incluso de comer, el consumidor ya percibe señales que le preparan para la experiencia y condicionan la forma en la que después interpretará el sabor.

Los frutos secos tostados, las semillas especiadas o las frutas desecadas juegan un papel clave: liberan aromas intensos, cálidos o ligeramente dulces que conectan de forma inmediata con el apetito y anticipan una experiencia más rica.

 

 

 

Sabores que despiertan el apetito

Triunfan los sabores que despiertan el apetito desde el primer momento, ya sea con notas cítricas, especiadas, tostadas, umami o picantes.

Uno de los códigos de sabor que más fuerza tiene ahora es la mezcla de perfiles distintos en un mismo producto. La combinación de dulce, picante y umami gana terreno porque aporta más intensidad, más contraste y una experiencia más completa.

 

Sabores cálidos, envolventes y de inspiración global

Otro de los grandes motores de crecimiento son los sabores cálidos, especiados y reconfortantes. En este terreno, el butter chicken destaca como una de las propuestas con más fuerza. Este perfil de sabor ya no se queda solo en su formato más tradicional, sino que se adapta a opciones como hamburguesas, pizzas, flatbreads o bocadillos de pollo frito.

 

 

El consumidor no siempre busca una autenticidad estricta. Muchas veces, lo que busca es un sabor con personalidad, pero que al mismo tiempo resulte fácil de entender y disfrutar.

 

Dulce y picante

La hot honey es uno de los mejores ejemplos de esta tendencia. Representa muy bien el movimiento “swicy”, que mezcla sweet y spicy. Su éxito en el canal horeca está en su gran versatilidad: funciona bien en pizzas, pollo, desayunos, cócteles, mocktails, limonadas e incluso en postres.

A nivel sensorial, combina el toque dulce y floral de la miel con la fuerza del picante, creando un sabor más complejo, pero fácil de disfrutar para el consumidor.

La incorporación de frutos secos o semillas en este tipo de perfiles, como toppings crujientes o bases caramelizadas, potencia el contraste y añade una dimensión extra, mejorando la experiencia sin complicar la ejecución en cocina.

 

Umami

Dentro de esta misma búsqueda de sabores con más profundidad, también destaca el regreso del MSG (glutamato monosódico) como potenciador umami. Esto responde a una mayor apertura del consumidor, sobre todo entre los más jóvenes, hacia sabores intensos, sabrosos y sin artificios.

Otros potenciadores de sabor como el lemon pepper. Ya no se usa solo en alitas, sino también en snacks, para saborizar frutos secos, verduras, marisco e incluso en bebidas saladas. Su éxito está en combinar salado, ácido y un picante suave en un solo perfil de sabor, lo que lo convierte en una opción muy versátil.

 

 

Para el sector restauración, esto supone una oportunidad clara: apostar por aromas conocidos, pero llevados a más formatos y momentos de consumo. Un sazonado como lemon pepper no solo gusta por su sabor, sino también porque deja una sensación fresca, intensa y muy atractiva que invita a seguir comiendo.

Los frutos secos tostados, las semillas y las frutas desecadas se consolidan como aliados para intensificar el sabor de manera natural. Su capacidad para aportar notas tostadas, profundidad y matices complejos permite enriquecer el perfil gustativo del plato de forma sencilla y efectiva.

 

El interés por el umami refleja una tendencia clara: ya no se busca solo un sabor fuerte, sino también más fondo, equilibrio y personalidad.

 

Tomate en nuevas aplicaciones

Otro ejemplo de esta tendencia es el uso del tomate en formatos menos habituales. Verlo en polvo para cócteles, granizados, sorbetes o incluso en propuestas dulces demuestra cómo un ingrediente muy conocido puede volver a sorprender cuando aparece en un contexto distinto.

 

 

Combinado con frutos secos o semillas, el tomate amplía aún más su versatilidad: desde snacks saborizados hasta mezclas para toppings o bases que juegan con el contraste entre acidez, dulzor y textura.

 

La textura también construye sabor

 

Hoy no basta con que un plato sepa bien: debe sentirse bien. Datassential subraya que la textura se ha convertido en una experiencia en sí misma, especialmente en bebidas. Espumas, boba, cubos de gelatina, toppings crujientes y capas diferenciadas elevan la percepción del producto y multiplican su memorabilidad.

 

La innovación en sabor en hostelería no debe pensarse sólo a través de la receta, sino desde la experiencia completa. Un producto crujiente, aireado, fundente o masticable puede intensificar la percepción del sabor y justificar mejor su diferenciación en carta.

En este terreno, los frutos secos, frutas desecadas y semillas son aliados clave: aportan crunch, masticabilidad o contraste con una gran facilidad de aplicación en múltiples propuestas gastronómicas.

 

La textura de lo roto

Los productos aplastados o rotos se están haciendo hueco en la restauración porque aportan una experiencia más completa. 

 

 

Al aumentar la superficie, se consigue más crujiente, más sabor y un mayor impacto visual. Además, son propuestas atractivas, fáciles de reconocer y con un gran potencial en redes sociales, lo que las convierte en una tendencia con mucho recorrido en food service.

Frutos secos o semillas trituradas o mezclas de frutas desecadas encajan perfectamente en esta tendencia, permitiendo crear toppings más llamativos, naturales y altamente versátiles en todo tipo de platos dulces y salados.

 

El papel del color y la expectativa aromática

 

El color también influye en la experiencia de sabor. Antes incluso de probar un producto, su aspecto ya hace que el consumidor espere algo distinto, y esa expectativa puede cambiar la forma en la que percibe el aroma y el sabor.

Un buen ejemplo es el ube, un ñame morado de origen filipino conocido por su llamativo color púrpura. La experiencia en restauración, su valor va más allá de lo visual. Su aspecto despierta curiosidad y ayuda a que el producto destaque en carta.

 

 

Cuando un producto entra por los ojos, genera interés y además ofrece un sabor agradable, tiene más posibilidades de funcionar y de ganar recorrido comercial.

 

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Ingredientes como frutas desecadas o semillas permiten añadir color de forma natural, reforzando tanto la percepción visual como la expectativa de sabor.

 

El futuro del food service

 

La principal conclusión es que no se trata de seguir modas pasajeras, sino de construir una propuesta sensorial coherente. Según Datassential, los nuevos clásicos de 2026 no buscan reinventarlo todo, sino dar una nueva vida a ingredientes y sabores que el consumidor ya conoce y valora.

Esto pasa por trabajar varios aspectos clave:

  1. Perfiles aromáticos reconocibles que despierten apetito inmediato: cítrico-pimienta, miel picante, especiado cremoso, tostado caramelizado, tomate umami.
  2. Formatos cotidianos con giros inesperados, como pizzas, sándwiches, snacks, bebidas o postres que incorporen sabores globales o cruces de categorías.
  3. Multisensorialidad: textura, contraste térmico, impacto visual y terminaciones aromáticas que conviertan el consumo en experiencia.

 

En un momento en el que el consumidor sigue valorando la comodidad y mide más su gasto, la oportunidad está en ofrecer sabores que sean fáciles de entender, pero lo bastante atractivos y diferentes como para dejar huella.

Ahí está, probablemente, la nueva frontera del sabor y el aroma en los restaurantes. Vemos como los frutos secos, las frutas desecadas y las semillas se posicionan como ingredientes estratégicos.

 

 

Fuente:

Datassential – New Classics, New Energy: How to Reimagine 2026’s 

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